Más de 10 años acompañando procesos de cambio en vínculos y comunicación

Aprendé a poner límites sin miedo ni culpa

Con el método HASTA ACÁ vas a dejar de vivir desbordada, recuperar tu energía y priorizarte sin dañar tus vínculos, logrando resultados en solo 3 meses.

¿Te pasa que siempre quedás última en tu propia lista?

¿Te pasa que siempre quedás última en tu propia lista?

¿Te pasa que siempre quedás última en tu propia lista?

Seguramente te pasa que…

Vivís agotada.

Siempre estás para los demás y cuando llega tu momento, no te queda energía.

Vivís agotada.

Siempre estás para los demás y cuando llega tu momento, no te queda energía.

Vivís agotada.

Siempre estás para los demás y cuando llega tu momento, no te queda energía.

Vivís agotada.

Siempre estás para los demás y cuando llega tu momento, no te queda energía.

Sentís culpa y miedo.

Decir que no te parece imposible porque temés al enojo o a sentirte “egoísta”.

Sentís culpa y miedo.

Decir que no te parece imposible porque temés al enojo o a sentirte “egoísta”.

Sentís culpa y miedo.

Decir que no te parece imposible porque temés al enojo o a sentirte “egoísta”.

Sentís culpa y miedo.

Decir que no te parece imposible porque temés al enojo o a sentirte “egoísta”.

No avanzás en lo tuyo.

Tus proyectos, metas y deseos quedan en pausa porque todo tu tiempo lo consumen los demás.

No avanzás en lo tuyo.

Tus proyectos, metas y deseos quedan en pausa porque todo tu tiempo lo consumen los demás.

No avanzás en lo tuyo.

Tus proyectos, metas y deseos quedan en pausa porque todo tu tiempo lo consumen los demás.

No avanzás en lo tuyo.

Tus proyectos, metas y deseos quedan en pausa porque todo tu tiempo lo consumen los demás.

Cuando el acompañamiento es el adecuado, todo se vuelve más liviano

Cuando el acompañamiento es el adecuado, todo se vuelve más liviano

Cuando el acompañamiento es el adecuado, todo se vuelve más liviano

Lo que mis pacientes ya lograron

Decir que no con seguridad y confianza..

Decir que no con seguridad y confianza..

Decir que no con seguridad y confianza..

Recuperar energía para enfocarse en lo que quieren.

Recuperar energía para enfocarse en lo que quieren.

Recuperar energía para enfocarse en lo que quieren.

Disfrutar de vínculos más sanos y equilibrados.

Disfrutar de vínculos más sanos y equilibrados.

Disfrutar de vínculos más sanos y equilibrados.

Mi misión es ayudarte a poner límites y recuperar tu vida

Mi misión es ayudarte a poner límites y recuperar tu vida

Mi misión es ayudarte a poner límites y recuperar tu vida

Soy Noelia Ferreyra y quiero acompañarte en este proceso

Soy psicóloga con más de 10 años de experiencia acompañando a personas que sienten que viven para los demás y se dejan siempre en segundo plano.

A partir de escuchar una y otra vez las mismas dificultades, diseñé el método HASTA ACÁ, una propuesta integrativa que combina gestión emocional, comunicación asertiva y negociación práctica.

Mi propósito es que aprendas a decir que no sin miedo ni culpa, para que tus vínculos se fortalezcan y vos puedas enfocarte en lo que realmente querés.

El camino hacia vínculos más sanos y energía disponible para vos

El camino hacia vínculos más sanos y energía disponible para vos

El camino hacia vínculos más sanos y energía disponible para vos

Las 4 etapas de transformación del método HASTA ACÁ

1

Reconocer patrones:

Identificás los pensamientos, conductas y emociones que te llevan a ceder siempre

1

Reconocer patrones:

Identificás los pensamientos, conductas y emociones que te llevan a ceder siempre

1

Reconocer patrones:

Identificás los pensamientos, conductas y emociones que te llevan a ceder siempre

1

Reconocer patrones:

Identificás los pensamientos, conductas y emociones que te llevan a ceder siempre

2

Incorporar herramientas:

Aprendés técnicas concretas de comunicación y negociación.

2

Incorporar herramientas:

Aprendés técnicas concretas de comunicación y negociación.

2

Incorporar herramientas:

Aprendés técnicas concretas de comunicación y negociación.

2

Incorporar herramientas:

Aprendés técnicas concretas de comunicación y negociación.

3

Practicar en la vida real:

Aplicás lo aprendido en tus vínculos y ajustamos juntas.

3

Practicar en la vida real:

Aplicás lo aprendido en tus vínculos y ajustamos juntas.

3

Practicar en la vida real:

Aplicás lo aprendido en tus vínculos y ajustamos juntas.

3

Practicar en la vida real:

Aplicás lo aprendido en tus vínculos y ajustamos juntas.

4

Consolidar el cambio:

Reforzás los límites y ganás confianza para sostenerlos en el tiempo.

4

Consolidar el cambio:

Reforzás los límites y ganás confianza para sostenerlos en el tiempo.

4

Consolidar el cambio:

Reforzás los límites y ganás confianza para sostenerlos en el tiempo.

4

Consolidar el cambio:

Reforzás los límites y ganás confianza para sostenerlos en el tiempo.

No sigas desgastándote en silencio

No sigas desgastándote en silencio

No sigas desgastándote en silencio

Es momento de priorizarte

Lo que vas a evitar...

Seguir postergando tus proyectos.

Seguir postergando tus proyectos.

Seguir postergando tus proyectos.

Vivir cansada y con bronca por ceder siempre.

Vivir cansada y con bronca por ceder siempre.

Vivir cansada y con bronca por ceder siempre.

Desgastar tus vínculos hasta el límite.

Desgastar tus vínculos hasta el límite.

Desgastar tus vínculos hasta el límite.

Lo que vas a lograr...

Decir que no con seguridad y sin culpa.

Decir que no con seguridad y sin culpa.

Decir que no con seguridad y sin culpa.

Recuperar energía para enfocarte en vos.

Recuperar energía para enfocarte en vos.

Recuperar energía para enfocarte en vos.

Disfrutar de vínculos más equilibrados y sanos.

Disfrutar de vínculos más equilibrados y sanos.

Disfrutar de vínculos más equilibrados y sanos.

Resultados reales de personas como vos

Resultados reales de personas como vos

Resultados reales de personas como vos

Ellas ya aprendieron a poner límites y priorizarse

Patricia

Cuando Patricia llegó a la consulta no podía decir que no, por miedo a que los demás se enojen. Muchas personas le pedían favores dando por sentado que los haría. Vivía cansada, frustrada, llena de enojo y culpa. Tenía un muy buen trabajo y además estudiaba una carrera, pero en ambos espacios pasaba sus días sobrecargada con tareas que no eran suyas, con cada vez menos tiempo y energía para cumplir con las propias. Al llegar a su casa, la escena se repetía: su familia esperaba que ella “haga todo”. Vivía enojada, con mala cara, pero no podía poner límites porque si lo hacía se sentía “mala”. Durante el proceso de trabajo juntas, Patricia logró identificar estas injusticias y entender que sus emociones y sus derechos eran importantes. Comenzó a expresar lo que necesitaba de manera clara y contundente, cambiando la forma en la que se relacionaba con sus compañeros. Trabajamos el enojo que la hacía estallar y la culpa que la llevaba a hacer de más, aplicando técnicas de gestión emocional y comunicación asertiva. Aprendió a poner límites, a dejar atrás creencias como “no me cuesta nada”, y a reconocer que no todo era su responsabilidad. Hoy Patricia ya no se hace cargo de todo. Comprendió que cuando una cambia, todo empieza a cambiar. Aprendió a decir que no cuando es necesario y a reencontrarse consigo misma. Pudo crecer laboralmente, reconectar con sus proyectos y disfrutar de su vida con mayor tranquilidad.

Patricia

Cuando Patricia llegó a la consulta no podía decir que no, por miedo a que los demás se enojen. Muchas personas le pedían favores dando por sentado que los haría. Vivía cansada, frustrada, llena de enojo y culpa. Tenía un muy buen trabajo y además estudiaba una carrera, pero en ambos espacios pasaba sus días sobrecargada con tareas que no eran suyas, con cada vez menos tiempo y energía para cumplir con las propias. Al llegar a su casa, la escena se repetía: su familia esperaba que ella “haga todo”. Vivía enojada, con mala cara, pero no podía poner límites porque si lo hacía se sentía “mala”. Durante el proceso de trabajo juntas, Patricia logró identificar estas injusticias y entender que sus emociones y sus derechos eran importantes. Comenzó a expresar lo que necesitaba de manera clara y contundente, cambiando la forma en la que se relacionaba con sus compañeros. Trabajamos el enojo que la hacía estallar y la culpa que la llevaba a hacer de más, aplicando técnicas de gestión emocional y comunicación asertiva. Aprendió a poner límites, a dejar atrás creencias como “no me cuesta nada”, y a reconocer que no todo era su responsabilidad. Hoy Patricia ya no se hace cargo de todo. Comprendió que cuando una cambia, todo empieza a cambiar. Aprendió a decir que no cuando es necesario y a reencontrarse consigo misma. Pudo crecer laboralmente, reconectar con sus proyectos y disfrutar de su vida con mayor tranquilidad.

Patricia

Cuando Patricia llegó a la consulta no podía decir que no, por miedo a que los demás se enojen. Muchas personas le pedían favores dando por sentado que los haría. Vivía cansada, frustrada, llena de enojo y culpa. Tenía un muy buen trabajo y además estudiaba una carrera, pero en ambos espacios pasaba sus días sobrecargada con tareas que no eran suyas, con cada vez menos tiempo y energía para cumplir con las propias. Al llegar a su casa, la escena se repetía: su familia esperaba que ella “haga todo”. Vivía enojada, con mala cara, pero no podía poner límites porque si lo hacía se sentía “mala”. Durante el proceso de trabajo juntas, Patricia logró identificar estas injusticias y entender que sus emociones y sus derechos eran importantes. Comenzó a expresar lo que necesitaba de manera clara y contundente, cambiando la forma en la que se relacionaba con sus compañeros. Trabajamos el enojo que la hacía estallar y la culpa que la llevaba a hacer de más, aplicando técnicas de gestión emocional y comunicación asertiva. Aprendió a poner límites, a dejar atrás creencias como “no me cuesta nada”, y a reconocer que no todo era su responsabilidad. Hoy Patricia ya no se hace cargo de todo. Comprendió que cuando una cambia, todo empieza a cambiar. Aprendió a decir que no cuando es necesario y a reencontrarse consigo misma. Pudo crecer laboralmente, reconectar con sus proyectos y disfrutar de su vida con mayor tranquilidad.

Julieta

Julieta vivía con miedo a que le pidan algo, porque aunque supiera que no quería hacerlo, era incapaz de decir que no. Frecuentemente se quedaba sin palabras y, para evitar conflictos, se aislaba o evitaba personas y lugares. Llegaba a pasar horas encerrada en su habitación para no cruzarse con familiares, suponiendo que le pedirían algún favor. Cuando accedía a hacer algo, lo hacía rápido para “sacarse el problema de encima”, postergando sus propias cosas y acumulando enojo que no podía expresar. Durante el proceso juntas, Julieta comprendió que su miedo exageraba la realidad: no todo el mundo le pedía cosas, ni tanto como ella imaginaba. Aprendió a dejar de aislarse como mecanismo de defensa y a comunicarse con herramientas simples de comunicación asertiva. Hoy vive más tranquila, sin estar pendiente de los demás. Logró expresar sus necesidades con claridad y con su propio estilo. Su vida social se amplió, disfruta de una relación de pareja más libre y explora nuevas oportunidades laborales sin miedo.

Julieta

Julieta vivía con miedo a que le pidan algo, porque aunque supiera que no quería hacerlo, era incapaz de decir que no. Frecuentemente se quedaba sin palabras y, para evitar conflictos, se aislaba o evitaba personas y lugares. Llegaba a pasar horas encerrada en su habitación para no cruzarse con familiares, suponiendo que le pedirían algún favor. Cuando accedía a hacer algo, lo hacía rápido para “sacarse el problema de encima”, postergando sus propias cosas y acumulando enojo que no podía expresar. Durante el proceso juntas, Julieta comprendió que su miedo exageraba la realidad: no todo el mundo le pedía cosas, ni tanto como ella imaginaba. Aprendió a dejar de aislarse como mecanismo de defensa y a comunicarse con herramientas simples de comunicación asertiva. Hoy vive más tranquila, sin estar pendiente de los demás. Logró expresar sus necesidades con claridad y con su propio estilo. Su vida social se amplió, disfruta de una relación de pareja más libre y explora nuevas oportunidades laborales sin miedo.

Julieta

Julieta vivía con miedo a que le pidan algo, porque aunque supiera que no quería hacerlo, era incapaz de decir que no. Frecuentemente se quedaba sin palabras y, para evitar conflictos, se aislaba o evitaba personas y lugares. Llegaba a pasar horas encerrada en su habitación para no cruzarse con familiares, suponiendo que le pedirían algún favor. Cuando accedía a hacer algo, lo hacía rápido para “sacarse el problema de encima”, postergando sus propias cosas y acumulando enojo que no podía expresar. Durante el proceso juntas, Julieta comprendió que su miedo exageraba la realidad: no todo el mundo le pedía cosas, ni tanto como ella imaginaba. Aprendió a dejar de aislarse como mecanismo de defensa y a comunicarse con herramientas simples de comunicación asertiva. Hoy vive más tranquila, sin estar pendiente de los demás. Logró expresar sus necesidades con claridad y con su propio estilo. Su vida social se amplió, disfruta de una relación de pareja más libre y explora nuevas oportunidades laborales sin miedo.

Gisela

Gisela estaba siempre pendiente de las necesidades de los otros, resolviendo los problemas de sus padres y hermanos. Tenía muy claro a qué cosas quería decir que no, pero no podía hacerlo porque sentía que eso la convertía en “mala”. Creía que ella resolvía mejor que los demás y le costaba comunicarse. “Siento que hablo al pedo —decía—, entonces no hablo; prefiero decir que sí aunque me moleste.” Incluso había empezado a mentir para evitar responsabilidades, lo que la hacía sentir incómoda y culpable. En el proceso de acompañamiento trabajamos esa creencia de que priorizarse es ser egoísta o mala, y aprendió a reconocer cómo algunas personas se aprovechaban de su predisposición. Descubrimos también que detrás de su constante “hacer por el otro” había una creencia oculta: pensar que los demás no eran capaces. Al integrar este aprendizaje, cambió su forma de ver a los otros y soltó responsabilidades que no le correspondían. Hoy Gisela vive más liviana, comprendiendo que cada uno es responsable de su propia vida. Ya no resuelve todo por todos; ayuda si es necesario, pero sabe poner el freno donde corresponde. Pudo enfocarse en su carrera, avanzar profesionalmente y, sobre todo, construir y sostener su paz mental.

Gisela

Gisela estaba siempre pendiente de las necesidades de los otros, resolviendo los problemas de sus padres y hermanos. Tenía muy claro a qué cosas quería decir que no, pero no podía hacerlo porque sentía que eso la convertía en “mala”. Creía que ella resolvía mejor que los demás y le costaba comunicarse. “Siento que hablo al pedo —decía—, entonces no hablo; prefiero decir que sí aunque me moleste.” Incluso había empezado a mentir para evitar responsabilidades, lo que la hacía sentir incómoda y culpable. En el proceso de acompañamiento trabajamos esa creencia de que priorizarse es ser egoísta o mala, y aprendió a reconocer cómo algunas personas se aprovechaban de su predisposición. Descubrimos también que detrás de su constante “hacer por el otro” había una creencia oculta: pensar que los demás no eran capaces. Al integrar este aprendizaje, cambió su forma de ver a los otros y soltó responsabilidades que no le correspondían. Hoy Gisela vive más liviana, comprendiendo que cada uno es responsable de su propia vida. Ya no resuelve todo por todos; ayuda si es necesario, pero sabe poner el freno donde corresponde. Pudo enfocarse en su carrera, avanzar profesionalmente y, sobre todo, construir y sostener su paz mental.

Gisela

Gisela estaba siempre pendiente de las necesidades de los otros, resolviendo los problemas de sus padres y hermanos. Tenía muy claro a qué cosas quería decir que no, pero no podía hacerlo porque sentía que eso la convertía en “mala”. Creía que ella resolvía mejor que los demás y le costaba comunicarse. “Siento que hablo al pedo —decía—, entonces no hablo; prefiero decir que sí aunque me moleste.” Incluso había empezado a mentir para evitar responsabilidades, lo que la hacía sentir incómoda y culpable. En el proceso de acompañamiento trabajamos esa creencia de que priorizarse es ser egoísta o mala, y aprendió a reconocer cómo algunas personas se aprovechaban de su predisposición. Descubrimos también que detrás de su constante “hacer por el otro” había una creencia oculta: pensar que los demás no eran capaces. Al integrar este aprendizaje, cambió su forma de ver a los otros y soltó responsabilidades que no le correspondían. Hoy Gisela vive más liviana, comprendiendo que cada uno es responsable de su propia vida. Ya no resuelve todo por todos; ayuda si es necesario, pero sabe poner el freno donde corresponde. Pudo enfocarse en su carrera, avanzar profesionalmente y, sobre todo, construir y sostener su paz mental.

Respondemos lo que más suele inquietar

Respondemos lo que más suele inquietar

Respondemos lo que más suele inquietar

Preguntas frecuentes sobre el programa

¿Necesito haber hecho terapia antes?

¿Necesito haber hecho terapia antes?

¿Necesito haber hecho terapia antes?

¿Esto es terapia tradicional?

¿Esto es terapia tradicional?

¿Esto es terapia tradicional?

¿En cuánto tiempo veo resultados?

¿En cuánto tiempo veo resultados?

¿En cuánto tiempo veo resultados?

¿Qué pasa si no me siento cómoda?

¿Qué pasa si no me siento cómoda?

¿Qué pasa si no me siento cómoda?

¿Se puede pagar en cuotas?

¿Se puede pagar en cuotas?

¿Se puede pagar en cuotas?

¿Las sesiones son online o presenciales?

¿Las sesiones son online o presenciales?

¿Las sesiones son online o presenciales?

Agendá tu primera consulta y empezá a priorizarte.

En 3 meses podés dejar de vivir para los demás y recuperar tu energía para lo que realmente querés. El cambio empieza con un primer paso.

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